Let Each One Go Where He May (Ben Russell, 2009)

Posted on 30/10/2010

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Ben Russell nos presenta la historia de dos hermanos y el viaje que realizan de Paramaribo a su aldea natal. La estrategia utilizada por Russell para presentarnos esta historia son planosecuencias que duran lo mismo que un rollo de película de 35 mm, aproximadamente 10 minutos. Prácticamente no existen los diálogos y todo se centra en las acciones de los personajes. El devenir de los hermanos adquiere una significación enorme en nosotros pues los acompañamos, aunque sea en una pequeña parte de la totalidad del viaje, a través de las largas tomas que Russell realiza. El cansancio físico que ellos experimentan se traduce en un pequeño pero significativo cansancio en nosotros. Russell logra transmitirnos mediante el uso del tiempo en pantalla la vida cotidiana de los dos hermanos.

La repetición del lavado de un plato en una charca rodeada de plantas por parte de uno de los hermanos me hizo recordar una película, que como varias de las que se han comentado en este blog supone una ambigüedad genérica: “Carcasses” de Denis Côté. En la película de Côté vemos a un hombre que trabaja en un bosque canadiense que se ha convertido en un depósito de chatarra automotriz, el hombre retira las partes que todavía sirven y las vende. Efectivamente tiene muchas secuencias que pueden ser consideradas como documentales pues en ellas lo único que vemos es al hombre trabajar mostrando una destreza que sólo puede ser adquirida con años realizando la misma actividad. Al igual que en la película de Russell las actividades extenuantes del personaje presentadas a nosotros en largas secuencias de trabajo sin diálogos son las que nos acercan más a el. La vida no es sino una serie de actividades monótonas que de vez en cuando encuentran una salida. El documental de Russel y la película de Côté son ante todo la captación de un proceso en la vida de sus personajes.

Russell nos presenta también un tiempo ritual, un tiempo de salida de las presiones cotidianas. Los personajes que vemos usan máscaras y disfraces, se adentran en una aldea en la que un ritual se lleva a cabo. Si el ritual es verdadero o no y si los personajes eran esperados o no, es algo que nuevamente no nos interesa tanto como lo que acontece con ellos. Lo que vemos en la pantalla sucede realmente al igual que lo que vemos en “Los Maestros Locos” y en “Los Tambores de Antaño” de Jean Rouch. Si realmente existe un trance y una comunión ritual o si tales rituales funcionan no lo sabemos a ciencia cierta pero lo que si sabemos es que el uso de la cámara en todos los casos nos mete a nosotros en una suerte de trance, las imágenes son hipnóticas.

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